La pobreza habría vuelto a crecer en la Argentina durante el primer semestre de 2026, según estimaciones privadas, con lo cual habría quebrado tres períodos consecutivos de mejora, en medio de un deterioro del empleo formal, mayor informalidad y una recuperación de los ingresos que perdió impulso.
La consultora ExQuanti elaboró recientemente un informe, sobre datos del INDEC, en el que señala que la cantidad de pobres aumentó en 1,7 millones de personas frente al segundo semestre de 2025 y llegó a 15,1 millones de personas, mientras que durante el segundo trimestre el número habría trepado hasta 15,8 millones.
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El cambio se muestra significativo porque en la segunda mitad de 2025 la cantidad de personas pobres había descendido hasta los 13,4 millones. ExQuanti definió lo ocurrido durante los primeros seis meses de este año como un “cambio de tendencia hacia un crecimiento estadísticamente significativo” y señaló que la pobreza semestral volvió a ubicarse incluso por encima de los niveles alcanzados un año atrás.

La evolución trimestral permite observar con mayor claridad el quiebre. Después de alcanzar un mínimo de 12,8 millones de pobres en el tercer trimestre de 2025, el indicador pasó a 14 millones en el cuarto trimestre, subió a 14,4 millones durante los primeros tres meses de 2026 y llegó a 15,8 millones en el segundo trimestre, el valor más alto de los últimos seis trimestres calculados por ExQuanti.

Por qué habría vuelto a aumentar la pobreza en 2026
Uno de los principales factores que identifica ExQuanti está en la evolución de los ingresos. Después del deterioro registrado a comienzos de 2024, el ingreso medio real de los ocupados consiguió recuperarse, pero señala que, desde el tercer trimestre de 2025 quedó prácticamente estancado. La consultora vincula ese freno con la interrupción de la reducción de la pobreza y con el posterior aumento registrado en los últimos trimestres.
Guido Zack, economista de Fundación Fundar, agregó otro elemento: el tipo de crecimiento que mostró la economía. Según explicó, durante el primer trimestre hubo una expansión interanual de entre 1,7% y 2%, pero estuvo impulsada fundamentalmente por sectores vinculados con agro, petróleo, gas y minería, que generan divisas, pero tienen una menor capacidad para crear empleo. En cambio, actividades como industria, construcción y comercio, que demandan más trabajadores y distribuyen de forma más directa sus ingresos hacia la población, mostraron retrocesos.
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Los datos del trabajo registrado del último relevamiento del SIPA en septiembre de 2026 con datos de junio de este mismo año, acompañan esa lectura. En junio había 12,757 millones de trabajadores registrados, 0,9% menos que un año antes, mientras que el empleo asalariado cayó 1,5%, lo que representó 147.900 puestos menos. Dentro del sector privado la baja interanual llegó al 1,9%, equivalente a la pérdida de 121.000 trabajadores registrados.
Al mismo tiempo, ExQuanti detectó un desplazamiento hacia ocupaciones de menor calidad. El índice de empleo informal, tomando como base 100 el primer trimestre de 2024, llegó a 111 durante los primeros tres meses de 2026, lo que implica un crecimiento cercano al 11% de la informalidad. Para la consultora, esa combinación entre menos empleo asalariado registrado, más ocupaciones precarias y menor protección social contribuye a explicar por qué la mejora de la pobreza comenzó a agotarse.

Salarios: la recuperación perdió fuerza y los sectores bajos quedaron rezagados
La situación de los salarios aparece como otra de las claves. ExQuanti estimó que, pese a la recuperación posterior a la caída de 2024, el ingreso medio real de los ocupados todavía estaba 13% por debajo del nivel del tercer trimestre de 2017 en los primeros tres meses de 2026. Entre los trabajadores de los estratos bajos la diferencia era todavía mayor: el índice se ubicaba en 82 puntos, es decir, un 18% debajo del nivel tomado como referencia.
En el universo del empleo formal, los datos del SIPA muestran que la remuneración nominal bruta promedio alcanzó los $3.162.523 en junio, con un incremento interanual del 30,5%. La mediana, que refleja el punto por debajo y por encima del cual se distribuye la mitad de las remuneraciones, fue de $2.416.818 y creció 29,2% frente al mismo mes de 2025.
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La pirámide social elaborada por Consultora W para el segundo trimestre refleja, a su vez, las diferencias entre los hogares. La estimación ubicó al 22% de los hogares y al 30% de la población dentro de la clase baja en situación de pobreza, con un ingreso familiar mensual neto promedio de $1 millón. Por encima aparece otro 30% de los hogares dentro de la clase baja no pobre, con ingresos promedio de $2,2 millones, mientras la clase media baja representa el 26% y registra unos $3 millones mensuales.

Sin embargo, Jorge Colina, presidente de IDESA, llamó a ser prudentes al momento de explicar la suba antes de conocerse la medición definitiva. “No se sabe qué pasó con la pobreza porque no se sabe qué pasó con los ingresos de los hogares pobres”, sostuvo. Colina señaló que el salario informal venía creciendo por encima de la Canasta Básica Total, pero advirtió que todavía no se conoce específicamente cómo evolucionaron esos ingresos entre los hogares pobres y consideró que lo más prudente es esperar el dato final.
Las canastas y los ingresos familiares volvieron a marcar la diferencia
Las estimaciones de la Universidad Torcuato Di Tella también muestran un deterioro. El nowcast elaborado por Martín González-Rozada proyectó una tasa de pobreza del 31,3% para el semestre marzo-agosto de 2026, frente al 30,2% del mismo período del año anterior. La estimación se descompone en un 30% para marzo, 32,7% durante el segundo trimestre y 29,9% en julio-agosto. Sobre una población urbana estimada en 30 millones de personas representadas por la EPH, alrededor de 9,4 millones vivirían en hogares pobres.

El trabajo de la UTDT apunta directamente a la relación entre canastas e ingresos. Para marzo-agosto, la Canasta Básica Total promedio del Gran Buenos Aires fue estimada en $491.082 por adulto equivalente, con un aumento interanual del 34,7%, mientras que la suma de los ingresos totales familiares proyectada avanzó 25%. González-Rozada explica que cuando las canastas crecen por encima de los ingresos de los hogares se amplía la brecha que empuja hacia arriba la incidencia de la pobreza.
Los últimos valores de las canastas muestran que esa presión continuó después del cierre del semestre. En agosto, la Canasta Básica Total subió 2,6% mensual y 38,3% interanual, mientras que la Canasta Básica Alimentaria aumentó también 2,6% en el mes y 39,6% frente a agosto de 2025. Un hogar de cuatro integrantes necesitó $1.605.497 para superar la línea de pobreza y $726.469 para no ser indigente.
Una economía que crece de manera desigual y no logra reducir la pobreza
Para Zack, la explicación termina de completarse al observar qué sectores avanzan y cuáles retroceden. “El problema es que ese crecimiento es promedio”, planteó el economista, quien sostuvo que la expansión concentrada en actividades con menor generación de empleo convive con dificultades en industria, construcción y comercio. El SIPA muestra, por ejemplo, que en junio el empleo industrial cayó 4,5% interanual y el de comercio y reparaciones retrocedió 3,1%.
El economista de Fundar advirtió además que durante el segundo trimestre la economía ya no habría mostrado crecimiento promedio, lo que agrava un escenario que describió como una economía “partida en dos”. En esa combinación, la caída del empleo formal, el aumento de la informalidad y el freno de los ingresos reales aparecen como factores que limitan la capacidad de las familias para superar la línea de pobreza.
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Por último, para ExQuanti, el balance muestra que la fuerte reducción registrada después del pico de comienzos de 2024 no logró consolidarse. Tras bajar desde 25,7 millones de pobres en el primer trimestre de 2024 hasta 12,8 millones en el tercero de 2025, la tendencia volvió a cambiar y alcanzó los 15,8 millones en el segundo trimestre de este año. La consultora vincula esta reversión con una recuperación del poder adquisitivo que perdió impulso y un mercado laboral que genera ocupaciones de menor calidad, mientras que Colina advierte que la magnitud definitiva deberá confirmarse cuando se conozcan los datos finales sobre los ingresos de los hogares.
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